La fusión entre el descentralizado Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) y el desconcentrado Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor) está todavía analizándose en el Poder Ejecutivo y no hay una decisión definitiva.
“Para nosotros es importante que la actividad autoral esté cada vez más protegida y más difundida con la comunidad de cultura. Es algo que ahorita está solamente en análisis, no es una determinación tomada. Tenemos diálogo permanente con los titulares de estos derechos, que son los creadores y las creadoras que están al frente de la posibilidad de fortalecer estos derechos autorales; no solamente desde un punto de vista material y de explotación comercial, que está bien, sino como una parte fundamental de los derechos culturales”, indicó este jueves la secretaria de Cultura federal, Alejandra Frausto Guerrero, consultada en conferencia sobre el destino de ambas instituciones.
Garantizó que cualquier medida que se tome deberá ser para fortalecer y no disminuir la garantía de los derechos de los autores.
Lo anterior, después de que en enero pasado el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, planteara la posibilidad de integrar a ambos institutos en uno solo dependiente de la Secretaría de Economía.
 
Opiniones divididas en el gremio
 
La declaración del Ejecutivo fue motivo de una serie de mesas de conversación sobre si es viable o no una fusión entre ambos institutos, para la que fueron convocados especialistas en derechos de autor e involucrados en la industria creativa.
El miércoles 24 de febrero se realizó la segunda ronda de estas mesas convocadas por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) y el Centro de Innovación y Desarrollo Profesional para la Industria Editorial, S. C. (Editamos). En ella tomaron parte los abogados especialistas en derechos de autor Quetzalli de la Concha y Roberto Arochi, y el editor y expresidente de la Caniem, José Ignacio Echeverría.
La falta de personal y presupuesto en el Indautor, dijo De la Concha, “es una deficiencia por la falta de análisis del gobierno federal en general [...] es una falta de interés añeja respecto del derecho de autor y de las industrias que están involucradas. Por eso el problema que tenemos con la piratería. Hay una falta de conciencia tanto por parte del Estado como por parte de la sociedad que normalizamos estas actividades”.
Dijo que es necesario hacer patentes las preocupaciones del gremio hacia las secretarías de Cultura y de Economía: “la primera, si va a suceder o no va a suceder, pero ya háganlo formal, y lo siguiente: inviten a las industrias y a los usuarios, para ver cómo podría funcionar. Que sea una decisión por un análisis más profundo de si sería o no benéfico para la sociedad, para los autores y los inventores, tener un gran instituto de propiedad intelectual. Haciéndolo bien, definitivamente puede ser benéfico”.
Añadió que la integración de un gran instituto de propiedad intelectual podría abrir la puerta a tener procedimientos mucho más eficientes sobre todo ante los retos de la tecnología digital, porque las reformas de poco sirven si no existen autoridades especializadas y procedimientos eficientes.
El abogado Roberto Arochi se dijo a favor de la fusión; expresó su preocupación de que, con la merma presupuestal que ha padecido el Indautor como una tendencia, éste acabe reduciéndose simplemente a un registro público y no como un organismo capaz de defender un derecho humano, como el de la propiedad intelectual.
“Necesitamos juntar tanto al Indautor como al IMPI para fortalecer la observancia en el entorno digital, en la reclamación de daños y perjuicios; en que no se haga una observancia en forma esporádica, sino que sea diaria para poder delimitar lo que está sucediendo, que ya es realmente un abuso, una tolerancia de la falsificación”, explicó.
El editor José Ignacio Echeverría, en contraparte, dijo: “en lo personal prefiero tratar con una organización más pequeña [...] no discuto la parte de recursos, porque es apabullante, pero quizá lo que habría que pelear es que a Cultura le den presupuesto, porque no es una cosa específica contra Indautor, sino que le han quitado el presupuesto a Cultura de una manera escandalosa”.
 
Fuente: El Economista.
 

Agradezco a todos los presentes por acompañarnos en este significativo acto.
 
Asimismo, a los miembros del presídium virtual.
Señoras y señores, amigos todos.
 
A nombre de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana agradezco la convocatoria para estar presentes en la inauguración de esta significativa, innovadora y magnífica feria.
 
Cuando el referente es la universidad pública, las acciones de la UNAM revisten trascendental importancia, porque ésta es la institución de educación superior más íntimamente vinculada con el pueblo, ya que multiplica las oportunidades de acceso a la educación en beneficio de todas las clases sociales, sin exclusiones ni discriminaciones, esas que atentan contra la inherente dignidad del ser humano.
 
Con la educación se logra la formación integral de cada persona, pues le permite realizar a plenitud sus valores, perfeccionar sus capacidades y aptitudes, y desarrollar sus talentos, convirtiéndolos en ciudadanos plenos.
 
A lo largo de la historia de México, en las luchas libradas por su independencia y por su libertad, encontramos elocuentes testimonios de la permanente vinculación universitaria a la vida de nuestro pueblo.
 
 
La cultura es raíz y contenido de la vida personal y social pues configura el perfil, la imagen y la voz de un pueblo, al construir y afirmar su identidad nacional. La cultura, a través de sus variadas manifestaciones, es el alma colectiva de un pueblo que habla de su pasado y de su presente, de su vocación y de su destino.
 
La importancia y razón de ser de las ferias del libro que se celebran en el país radican en el hecho de que las instituciones educativas, junto con las instituciones de cultura, no podrían dar cabal cumplimiento a sus elevados fines si no contaran con el libro, que sigue siendo, aún en la sociedad de la revolución digital en que hoy vivimos, el mejor instrumento, la herramienta insustituible para impartir la educación y para conservar, enriquecer y difundir el patrimonio cultural de nuestro país.
 
Creo importante hacer hincapié en la cultura, en la necesidad de su apoyo y su acción como actividad estratégica para el desarrollo del país. No podemos dejar en el olvido nuestra cultura, en toda la extensión de la palabra. Dentro de ese gran mundo los libros desempeñan un papel fundamental como divulgadores, difusores y preservadores de nuestras raíces, de nuestra cultura, de nuestros proyectos de país, de nación y de encuentro con las demás naciones.
 
En este año en particular, 2021, los retos para el desarrollo de la cultura, y en específico la escrita, son mayúsculos, por lo que hacemos un llamado a todos los candidatos a puestos de elección popular para que fijen su atención en la misma y asuman un compromiso amplio para el impulso de políticas públicas que den certeza a todos los integrantes de la cadena productiva del libro, con el fin de generar más y mejores lectores; implementar estrategias de promoción de la lectura que impacten profundamente en la sociedad y que propicien el surgimiento, crecimiento y consolidación de las librerías de nuestro país, motivando la discusión y promoviendo reflexiones acerca de la industria editorial, el mundo del libro y la lectura.
 
Tenemos un marco legal muy importante, y sin duda perfectible, como lo es la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, la cual es tarea de todos hacer que opere y que se cumplan los postulados que en ella se señalan. 
 
Es responsabilidad de los diversos candidatos asumir la tarea de la cultura como base de su proyecto, sin regateos, con firmeza y con la construcción de las políticas públicas necesarias, esas que doten también de recursos a las expresiones e iniciativas de cultura, para el pleno desarrollo de los derechos culturales de nuestra sociedad.
 
Destaco, y aspiro a que así sea considerado, que el libro es la manifestación por excelencia de la libertad del hombre para expresar y publicar sus ideas, conceptos que en nuestro país son parte de las garantías individuales que consagra nuestra carta magna.
 
Así como en muchas otras leyes acordes al libro y la propiciación de la cultura se expresa y hay constancia, como lo es el fomentar la prestación de servicios bibliotecarios a través de las bibliotecas públicas a cargo de la Secretaría de Cultura y demás autoridades competentes, a fin de apoyar al sistema educativo nacional, a la innovación educativa y a la investigación científica, tecnológica y humanística, incluyendo los avances tecnológicos que den acceso al acervo bibliográfico, con especial atención a personas con discapacidad.
 
El Estado debe promover y desarrollar en el ámbito de su competencia las actividades y programas relacionados con el fomento de la lectura y el uso de los libros, de acuerdo con lo establecido en la ley de la materia.
 
Y finalmente, las autoridades educativas, tienen a su cargo la responsabilidad de fomentar la participación de los actores sociales involucrados en el proceso de enseñanza-aprendizaje, para el logro de una educación democrática, de alcance nacional, inclusiva, intercultural, integral y plurilingüe que propicie el máximo logro de aprendizaje de los educandos, para el desarrollo de su pensamiento crítico, el fortalecimiento de los lazos entre escuela y comunidad.
 
Es necesario reconocer que hay esfuerzos y proyectos de trabajo conjunto entre el sector público, el sector privado y la sociedad civil, y confiaríamos en que sean punto de partida para profundizar en los necesarios cambios sociales, esos que se inician en la reflexión y que la práctica transforma.
 
Termino mi intervención expresando nuestra amplia felicitación al rector de la UNAM, Dr. Enrique Graue Wiechers, al Dr. Carlos Agustín Escalante, director de la Facultad de Ingeniería, y al licenciado Fernando Macotela, director de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, por la organización de esta Cuadragésima Segunda Edición de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, que en esta ocasión nos tocará vivir de manera virtual, sin embargo, reitero mi convicción de que los valores del espíritu que menciona el lema universitario son los que nos permitirán lograr la transformación y el progreso de nuestro pueblo, y llegar a buen éxito con la realización de esta edición.
 
 
La FIL de Minería es ya una tradición consolidada en la oferta cultural de nuestra ciudad y con el objetivo de no sólo mantener sino profundizar en sus actividades convoco desde aquí a las autoridades gubernamentales, de la Universidad, de la delegación política, de la propia feria para trabajar en nuestras coincidencias y pugnar en favor de las industrias culturales, de la cual, millares de familias dependen. Porque el no apoyar a la industria cultural, a la industria editorial, a la industria librera, significaría en ayudar a enterrar el libro, el conocimiento y las oportunidades de que México se convierta en un país de lectores y, por lo tanto, en punta de lanza en los ámbitos social, humanístico, científico y/o tecnológico.
 
Muchas gracias
 

“Hacemos un llamado a todos los candidatos a puestos de elección popular para que fijen su atención en la cultura y asuman un compromiso amplio para el impulso de políticas públicas que den certeza a todos los integrantes de la cadena productiva del libro”, expresó Juan Luis Arzoz Arbide, titular de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, durante la inauguración de la edición 42 de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, que este año se realizó del 18 de febrero al 1 de marzo de manera virtual a causa de la emergencia sanitaria.
El representante de la Caniem recordó que aun en “la sociedad de la revolución digital en que hoy vivimos, [el libro es] el mejor instrumento, la herramienta insustituible para impartir la educación y para conservar, enriquecer y difundir el patrimonio cultural de nuestro país”.
Por lo tanto, añadió, es necesario “implementar estrategias de promoción de la lectura que impacten profundamente en la sociedad y que propicien el surgimiento, crecimiento y consolidación de las librerías de nuestro país, motivando la discusión y promoviendo reflexiones acerca de la industria editorial, el mundo del libro y la lectura. Tenemos un marco legal muy importante, y sin duda perfectible, como lo es la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, la cual es tarea de todos hacer que opere y que se cumplan los postulados que en ella se señalan”.
Alertó que de las industrias culturales dependen millares de familias y no apoyar a sectores como el editorial implica enterrar el libro, el conocimiento y las oportunidades de que México se convierta en punta de lanza en los ámbitos social, humanístico, científico y tecnológico.
En respuesta al llamado gremial, la encargada de la Secretaría de Educación Pública, Delfina Gómez, hizo acuse de recibo y dijo que tomará en cuenta los llamados de la industria editorial para la definición de las actividades de la Secretaría de Educación Pública.
Por su parte, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Enrique Graue, retomó los estudios realizados por UNAM y subrayó que “la lectura ha sido un verdadero refugio durante estas épocas pandémicas, pues más de 50 por ciento de los entrevistados mencionó que ha leído diario o dos veces por semana, era de esperarse porque la lectura es mucho más que un pasatiempo”.
Finalmente, Lucina Jiménez invitó a los integrantes del medio editorial y literario a que se acerquen al estímulo fiscal que se convoca a través de la Secretaría de Cultura, el INBAL y la Secretaría de Hacienda, “eso nos permitirá contribuir a la diversidad artística, cultural y editorial”.
 
Fuente: Aristegui Noticias.
 

La lealtad del autor con sus lectores es fundamental. Es un sentimiento intangible, que se trasmite ante todo a través de la literatura y, en segundo lugar, por los medios y las redes sociales. Cuando los lectores reconocen esa lealtad, se genera un compromiso muy fuerte con el autor, que, si cuida y sostiene con el tiempo, no lo abandonarán jamás y serán cada vez más. Nada ni nadie como los lectores, para atraer a más lectores.
Sostener la lealtad a lo largo del tiempo requiere coherencia y constancia del autor, y mucha profesionalidad de su editorial para que el libro llegue de la mejor manera posible: cuidado, bien publicado, bien impreso, a un precio razonable, que esté en venta de todos lados y en todos los formatos. A las que saben hacer bien este trabajo, las llamo editoriales tradicionales, no por anticuadas, sino porque saben innovar sin descuidar los valores esenciales del libro, los que garantizan una edición de calidad. La profesionalidad de una editorial es independiente de su tamaño, y necesaria en cualquier soporte en el que publique.
Así como la mejor editorial no puede fabricar un gran libro ni un gran éxito de venta cuando el texto del autor no lo permite, la falta de una buena labor de edición puede hundir al mejor trabajo de un escritor.
La importancia del trabajo editorial en la transformación de un manuscrito en un libro ha sido puesta en cuestión por las plataformas digitales de edición, que proponen la llegada directa del autor al lector, eliminando a los intermediarios, entre los que se encuentran las editoriales y las librerías.
Tener lectores comprometidos garantiza al autor un lectorado creciente, y una constante renovación generacional. Tener más lectores es una gran satisfacción, una respuesta a su trabajo, un reconocimiento. Son los lectores, no los premios literarios, los que consagran a un escritor. Tener más lectores también implica ganar más, poder vivir del trabajo de escribir, profesionalizarse. Es el camino para que sus libros circulen más allá del mercado local, que se traduzcan y se publiquen en otros países e idiomas, que reciba premios, invitaciones a presentaciones, ferias y festivales literarios de todo el mundo y, cuando la obra lo permite, llegar al cine y a la televisión.
No todos los libros ni los autores logran recorrer este camino, pero todos merecen la oportunidad. Para ello se requiere una obra excelente, y un trabajo bien hecho por la editorial.
Como los escritores sólo cobran por los ejemplares de sus libros que se venden, su futuro profesional depende de los lectores. Una dependencia que genera compromisos y riesgos, incluso a quienes no quieren pensar en ello, por temor a escribir con condicionamientos. Ser leal con sus lectores no quiere decir ser complaciente. No estar de acuerdo, o incluso confrontar, no debilita el compromiso, lo ejercita, lo fortalece. Los lectores son gente inteligente. Sólo el best seller, como género, es complaciente, porque ofrece al lector lo que ya se sabe que quiere leer. Sin que esto implique un juicio de valor.
 
El futuro profesional del autor
Un autor, para ganar más, necesita muchos lectores que compren sus libros, algo a lo que no ayuda el mundo digital del gratis total. Pese a la acumulación de información personal y de los hábitos del comprador, ningún algoritmo ha logrado remplazar la eficacia del “boca-oreja” para tener más lectores, los libreros pueden confirmarlo.
Las campañas de marketing ayudan a que el despegue de la venta sea más rápido, pero si el libro no gusta a la primera tanda de lectores, la venta se detiene, las librerías devuelven los libros a la editorial, y no suele haber una segunda oportunidad.
 
El autor es la estrella
La promoción de libros basada exclusivamente en el autor hace que todo se centre en su persona y no en su obra, por eso cada vez se los sigue más, pero se los lee menos. (La venta de libros ha caído un 40% en los últimos diez años.) Leer un libro es algo que sucede fuera de las redes, que no entra en la lógica de los seguidores. No hay una consecuencia entre seguir a un autor, con el deseo o la necesidad de leer su libro, porque ésta era una lógica pre-digital, que no existe más.
Los lectores comprometidos se convierten en seguidores de sus autores, pero no todos los seguidores se conviertan en lectores. Hay escritores que tienen 100 mil seguidores y millares de likes al anunciar su nuevo libro, del que luego apenas se venden mil. Los seguidores idolatran al autor, votan cuando les preguntan por la mejor ilustración para la cubierta, mantienen un diálogo con mucha regularidad, pero no compran sus libros.
 
El trabajo de una editorial tradicional
Al comprar un libro, el lector también está remunerando a toda una cadena que interviene en la transformación de un manuscrito en un libro. El aporte que hace esta cadena es esencial para que el lector reciba un libro bien hecho, legible, de calidad, y que esté en venta en todas las librerías, físicas y online.
Cuando un libro sale al mercado, además de estar bien escrito, ser interesante y original, tiene que reunir otros requisitos para poder sobrevivir y tener posibilidades de éxito. Esto es lo que aporta la editorial. Aunque el lector no sea consciente de cuáles son estos aportes, determinan el aprecio o rechazo por el libro que lee. Tanto el aprecio como el rechazo, el lector los atribuirá al autor.
Esta cadena está formada por una serie de eslabones: librerías, distribuidoras, editoriales con sus colaboradores, agencias literarias. Profesionales y empresas que trabajan para vincular al escritor con el lector de la mejor manera posible, y con el máximo de garantías de calidad. El lector —lea en papel o en digital—merece un libro bien publicado. Por eso los escritores prefieren publicar libros en editoriales que les garantizan un trabajo bien hecho.
La importancia del aporte de esta cadena nunca fue necesario justificarla, hasta que las plataformas de venta online instauraron que todo debía llegar directamente del productor al consumidor, eliminando a los intermediarios, convirtiéndose así la plataforma en el único intermediario. Entonces surgieron nuevas propuestas de edición online, que no consideran necesario contar con una formación profesional ni una tradición editorial, para ofrecer a los escritores otras opciones de publicación, que no requieren de editoriales ni de librerías. Propuestas de edición que suenan bien, porque además de generar la ilusión de ser publicado, van acompañadas de anuncios atractivos, al estilo de “¿por qué conformarse con un 10%, si puedes recibir el 70?”.
¿Qué es mejor para un escritor, cobrar el 70% de diez libros, o el 10% de setenta? Un egresado de escuela de negocios diría que, para ganar lo mismo, conviene fabricar menos unidades, arriesgar menos, y reducir los gastos de distribución: aconsejará ganar el 70% de diez. Sin embargo, se habrá equivocado, porque no sabe lo que sí conoce un editor con experiencia: que a un escritor le interesa, tanto o más que lo que va a ganar, el número de lectores al que podrá llegar.
Las grandes plataformas, que de usos del lenguaje algo saben, llamaron autores independientes a los que dependen de ellas, convirtiendo de manera automatizada manuscritos en libros sin considerar necesario ningún proceso editorial, y sin intervención de personas, cuando el trabajo del autor y el del editor no se han podido automatizar. El resultado es un excelente negocio para las plataformas, con un alto riesgo de ahuyentar posibles lectores, al entregarles libros que cuesta leer.
Los escritores también tienen compromisos con sus editoriales, al igual que con otros eslabones de la cadena. Un compromiso diferente en cada caso, que cuanto más sólido es, más productivo resulta. Los escritores dedican mucho tiempo y esfuerzo a sostener estos vínculos, un trabajo arduo, por el que sólo cobran cuando un lector compra un libro.
Las editoriales también tienen compromisos con los lectores, y con toda la cadena, ya que todos sus ingresos, con excepción de los aportes de sus accionistas, provienen de lo que los lectores pagan por los libros. La editorial es quien gestiona ese dinero, entregando a cada parte lo que corresponda, reteniendo la suya, y obteniendo un margen para sus accionistas.
Con su parte, la editorial, además de cubrir sus gastos, anticipará el dinero para contratar y publicar nuevos libros, asumiendo una inversión de riesgo, bajo la presunción de que recuperará lo invertido y obtendrá una ganancia. Aunque no siempre sale bien, en conjunto sí, de otra manera no podrían seguir publicando.
Que las editoriales tengan ganancias es importante para todos, los escritores en primer lugar. Editoriales fuertes y estables permiten el desarrollo de creaciones potentes, lo que siempre repercutirá a favor del libro y de la lectura. Los periodos de mayor creatividad literaria han coincidido siempre con tiempos de fortaleza editorial.
Los lectores valoran cuando un libro se publica en una editorial de prestigio, les da confianza y seguridad. Al autor, un catálogo de calidad le otorga legitimidad, que es mucho más que una satisfacción personal.
El prestigio de un catálogo no tiene nada que ver con el tamaño de la editorial. Aunque la mayoría de los lectores no conozca los procesos del quehacer editorial, sufren las consecuencias cuando no lo hay. Por estas razones —y no por anticuados—, los escritores siguen prefiriendo editoriales tradicionales, por la calidad del trabajo que le garantizan.
Pretender eliminar a las librerías es demencial. Los escritores, que son lectores, saben bien que las librerías no son un intermediario superfluo, sino a quienes se delega la presentación de su obra a los lectores, que son un lugar de encuentro de los lectores, y que los libreros son prescriptores con gran influencia. No conocí a ningún escritor o escritora que considere que las librerías son un simple intermediario más. Tampoco editores: “la librería sigue siendo el mejor lugar para dar a conocer nuestro trabajo”, dijo a Publishers Weekly Nuria Cabutí, directora general de Penguin Random House.
La relación de la cadena con el autor requiere de un cuidado permanente. Sólo se pone en riesgo ante decisiones sobre la edición de su libro no consultadas, diseños de portada no consensuados, no entregarle puntualmente el dinero que aportaron sus lectores, o no protegerlo de la inflación o la devaluación, en los países que las hay. El autor es un proveedor estratégico de la editorial, el que aporta la diferenciación entre un libro y otro. Corresponde tratarlo como tal.
Cuando la poeta Louise Glück, después de ganar el Nobel, decidió dejar la editorial que la venía publicando en España, no lo hizo para irse a un gran grupo internacional, sino a otra pequeña editorial que sólo publica poesía. Su queja fue que “de los últimos libros no le habían enviado la traducción para revisar, ni le consultaron el diseño de las cubiertas”.
Nadie será nunca tan perspicaz como el autor para saber qué es bueno y qué no para su libro y sus lectores. Qué se dice y cómo se dice al promover un libro también requiere de un saber.
Hace muchos años, propuse a Mario Benedetti participar en un programa de televisión exitoso, a cargo de una conductora inculta y vulgar, argumentando que tenía una audiencia de millones de espectadores. Me respondió que no podía hacerle eso a sus lectores.
 
Para terminar
Los escritores siguen prefiriendo publicar en editoriales con tradición de saber hacer, y tener su libro impreso en papel, porque es el soporte que aporta el valor simbólico necesario para la consagración, y sigue siendo lo que la mayoría de los lectores prefieren para leer. En Estados Unidos, el país de donde nos llega casi toda la innovación tecnológica, en el año de la pandemia aumentó 8.2% la venta de libros impresos(Porter Anderson, publishingperspectives.com)
 
Fuente: Guillermo Schavelzon
 

La Cátedra Vargas Llosa y la Fundación Universidad de Guadalajara, con el apoyo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, anuncian la postergación de la IV Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, que debido a la compleja situación de la pandemia de Covid-19 se efectuará del 23 al 26 de septiembre del presente año en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México.
Bajo el lema «La literatura, último refugio de la libertad», la IV edición de la Bienal de Novela estaba originalmente prevista para mayo, y su aplazamiento se debe al empeoramiento de la compleja situación sanitaria global, con rebrotes de coronavirus en América Latina, Europa y el resto del mundo. Para la organización, la seguridad y el bienestar de los participantes son la máxima prioridad.
Con esta decisión, se espera poder realizar la edición más ambiciosa de la Bienal de manera presencial, en condiciones de relativa normalidad, con el concurso de escritores, editoriales y público reunidos en lo que será una gran celebración del libro y la lectura. 
A lo largo de sus distintas ediciones, la Bienal se ha consolidado como un evento de referencia de las letras hispanoamericanas. Durante su desarrollo se falla y anuncia el Premio Novela Bienal Vargas Llosa, que reconoce a la mejor novela publicada en español durante los últimos dos años. Para esta edición se ha recibido 412 postulaciones, provenientes de todos los países de habla hispana. 
Después de dos ediciones en Lima, Perú, en 2018, la Cátedra Vargas Llosa y la Fundación Universidad de Guadalajara firmaron un convenio para que la Bienal tuviera como sede, en sus siguientes tres ediciones (2019, 2021 y 2023), la ciudad de Guadalajara, México, con el apoyo de la FIL Guadalajara en la organización. La primera edición del certamen (2014) recayó en Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral), del español Juan Bonilla; en 2016, en la obra Si te vieras con mis ojos (Alfaguara), del chileno Carlos Franz, y en 2019 —la primera edición realizada en Guadalajara— en The Night (Alfaguara), de Rodrigo Blanco Calderón.
 

La obra Hijo de tigres, del escritor veracruzano Mario Adolfo Heredia Cubillas, resultó ganadora del Premio de Novela Histórica Claustro /Grijalbo, “por ser una novela que retrata a un personaje maldito, Juan Nepomuceno Almonte, en el laberinto existencial que significa haberlo perdido todo y no tener más opciones”, de acuerdo con el acta del jurado, conformado por Mónica Lavín y Eduardo Antonio Parra
 
La segunda edición de este galardón le otorgó a Heredia un total de 150 mil pesos mexicanos, así como la publicación de su novela ganadora para el mes de julio. La obra fue presentada bajo el seudónimo de J. Nepomuceno Almonte y fue elegida entre 67 manuscritos que recibió el jurado. “Nos muestra la visión conservadora, es decir, la visión de los vencidos, sobre el México que va de la Independencia hasta los tiempos de Juárez”.
 
La novela posee “una audacia estructural que, a través de la combinación de recursos y un estilo ágil, nos propone una nueva interpretación del siglo XIX mexicano”, en palabras del jurado. “Es una novela que nos permite comprender las contradicciones del personaje, esta lectura a contrapelo de la lectura oficial. Es una novela de novelas, le confiere a la lectura una posibilidad de supervivencia y ésta es una estrategia narrativa, la coloca de manera que nos lleva a releer y reflexionar sobre este personaje que es el hijo de Morelos”.
 
Eduardo Antonio Parra afirmó que aunque normalmente son los vencedores quienes escriben la historia, “esta novela la cuenta de una manera bastante interesante, las contradicciones del personaje hacen que tenga una visión muy profunda”.
 
Por su parte, Mario Heredia agradeció el premio en un momento difícil como el actual: “Gracias por darme este premio en tiempos de malas noticias. Estoy muy contento y muy halagado porque respeto mucho al jurado, al Claustro y a la editorial”.
 
Mario Heredia nació en Orizaba, Veracruz, en 1961, y radica desde hace 30 años en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, donde imparte talleres de narrativa y novela en la Sociedad Nacional de Escritores (SOGEM) y en el Fondo de Cultura Económica.
 

En el contexto de la 42 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el viernes 19 de febrero se llevó a cabo la mesa de debate “Piratería editorial”, en la que participaron Quetzalli de la Concha, miembro del consejo directivo del Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor; Kiyoshi Tsuru, socio fundador y director de TMI Abogados, boutique dedicada a la gestión, obtención y protección de marcas y derechos de autor; y David García Escamilla, director editorial de Penguin Random House Grupo Editorial.
 
En su participación, Quetzalli de la Concha reveló que cuatro de cada diez libros que se consumen en el país son pirata, lo cual coloca a México en el primer lugar en venta de piratería de libro impreso, en comparación con hace 15 años, cuando apenas dos de cada diez libros eran piratas. Lamentó que este fenómeno afecta a las más de 400 000 familias que subsisten por su trabajo en el medio editorial al no percibir la remuneración correspondiente.
 
De la Concha reconoció que muchas personas quizá no saben que están adquiriendo un libro pirata, pero habló de los mecanismos con los que trabaja la delincuencia organizada y cómo podemos asegurar que los libros que compramos sean originales. “Las editoriales no distribuyen en mercado informal, esto quiere decir que cualquier libro que alguien adquiera en este mercado es pirata por una simple razón: el mercado informal no paga impuestos y las editoriales sí”. Para eso, recomendó comprar libros en librerías establecidas y no en el mercado callejero.
 
“Esto representa un riesgo para los autores, quienes dedican tiempo, vida y talento a generar contenidos creativos; para los editores que apuestan su capital, infraestructura y personal en poder en llevar ese libro a los lectores; así como para la industria en general. Y, mientras ellos piensan que no se vendieron los libros porque el contenido no gustó, nos damos cuenta que todo el mundo lo comparte y la remuneración queda en otras manos”, agregó.
 
En cuanto a la piratería digital, informó que, de acuerdo con los datos del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, el consumo de contenidos ilegales en internet alcanza 48%, y que mientras la facturación de libros digitales aumentó sólo 2% durante la pandemia, la lectura en pantalla se incrementó en 40%, lo cual habla de la diferencia abismal entre el consumo legal y el consumo ilegal.
 
Por su parte, Kiyoshi Tsuru mencionó que este aumento en descargas digitales de libros daña no sólo a las editoriales, sino que también supone un riesgo para los usuarios que descargan los contenidos, pues al tratarse de contenido ilegal se exponen a que cibercriminales roben sus datos personales, al tratarse de sitios no verificados ni regulados por ninguna institución.
 
Cabe recordar que, de acuerdo con datos de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), en 2020 la facturación neta de libros impresos terminó por calcularse en alrededor de 8 797 millones de pesos, lo que significa una reducción de 22% con respecto a 2019, debido a la contingencia sanitaria.
 
Lo anterior está en consonancia con lo que ha afirmado el presidente de la Caniem, Juan Luis Arzoz Arbide, en cuanto al problema de la piratería: “Se necesita un enfoque más hacia el lector, para lo cual se requiere crear grupos de lectura que ayuden a mejorar la situación. Una parte muy importante es evitar la piratería, un flagelo que nos pega durísimo en todas las ventas regulares del libro, tenemos una campaña que se denomina Ponle punto final a la piratería y el año que entra sacaremos otra campaña para evitar la piratería, tanto en libro físico como en digital”.
 

Desde el viernes 26 de febrero, las librerías en Francia se incorporaron a la lista de comercios cuyas actividades son consideradas esenciales. De acuerdo con el decreto publicado en el Diario Oficial, podrán permanecer abiertas y recibir clientes en su interior en caso de que se determine confinamiento durante los fines de semana por la pandemia de coronavirus.

Las ciudades de Niza y Dunkerque comenzarán a confinar a sus ciudadanos durante los fines de semana por el aumento de casos de coronavirus pero, a pesar de la emergencia sanitaria, las librerías, así como las tiendas de discos podrán abrir en cualquier horario entre las 6 am y las 6 pm.

El decreto se publicó en medio del incremento de la epidemia de Covid-19, que ha obligado al gobierno a considerar nuevas restricciones en veinte departamentos donde los casos de coronavirus amenazan con estallar.

Durante el confinamiento de noviembre, a las librerías se les autorizó entregar en la puerta de los locales los libros reservados por los clientes a través de internet o teléfono, por medio del sistema “click and collect”, pero los clientes no podían permanecer en los comercios porque no eran consideradas esenciales, a pesar de que esto fue exigido en conjunto por librerías, autores y editoriales.

Roselyne Bachelos, ministra de Cultura, celebró la decisión del gobierno: “Las librerías son comercios esenciales, nunca hubo ninguna duda. Durante el segundo confinamiento, la opción de comprar y recoger, así como los envíos gratuitos, permitieron a las librerías seguir en marcha. 

El pasado 3 de febrero la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) publicó una carta abierta al presidente de México, en la que se solicita la ratificación de las librerías como una actividad esencial.
El presidente de la CANIEM, Juan Luis Arzoz Arbide, atendió a cerca de 50 medios de comunicación, tanto de radio, televisión, prensa escrita y medios electrónicos, respecto a la situación que han pasado las librerías durante la pandemia de la Covid-19: “El Diario Oficial de la Federación del 3 de agosto calificó a la industria editorial como una industria esencial. Pero el nombramiento tenía fecha de caducidad para el 31 de diciembre de 2020, nosotros peleamos que la esencialidad no tiene que limitarse al tiempo y que sea para todo el país, y no para un estado u el otro, ya que eso limita la adecuada operación y distribución de la cadena del libro”. 
Las librerías son esenciales para la industria editorial: “Son el último eslabón de la cadena del libro: la caja registradora de las librerías es donde se inicia el flujo de dinero en toda la cadena. Tener abiertas las librerías es un espacio cultural, la gente aprecia mucho que estén abiertas. Jamás hay grandes aglomeraciones. Además, debemos recordar que hay millares de familias que están dejando de percibir un salario adecuado. No apoyar a la industria cultural, a la industria editorial, a la industria librera, es ayudar a enterrar el libro, el conocimiento y las oportunidades de convertirnos en un país lector y, por lo tanto, en punta de lanza en todos los ámbitos, social, científico y/o tecnológico”. 
La actual reglamentación sobre los negocios esenciales que mantiene las librerías cerradas contrasta con otros negocios: “por ejemplo, en la Ciudad de México les dieron permiso de abrir a las papelerías, pero no así a las librerías”. Para el presidente de la industria editorial, a mediano plazo el pronóstico puede ser positivo: “Mi apuesta en lo personal es que para junio o julio estaremos casi trabajando normalmente, con ferias presenciales en algunas zonas y librerías abiertas, siempre respetando los protocolos de seguridad sanitaria”.
Por otra parte, la venta electrónica de ejemplares físicos ha crecido durante la pandemia, sin embargo, esto no es representativo frente a la baja de ventas en las librerías: “Ha crecido la venta electrónica, sin llegar a ser importante: ha llegado a cinco por ciento de ventas, pero no contrarresta las pérdidas que ha sufrido la industria”, señaló Arzoz Arbide. El cálculo de la CANIEM en el descenso de ventas en librerías es de entre 22 y 29 por ciento.
Como Cámara de la industria editorial, la CANIEM brinda asesoría a sus agremiados para crear mejores sitios virtuales para la venta de sus títulos. De la venta en páginas web, el presidente de la Cámara recordó el comentario de un editor: “Son novedades lo que más venden en las librerías; en su sitio están vendiendo los libros que son de fondo, del catálogo, que es muy bueno”. Sobre este punto, Juan Luis Arzoz Arbide comentó que el número de portales dedicados a la venta de libros ha aumentado en el monitoreo de la cámara, además de hacerse más funcionales: “Los sitios han mejorado muchísimo, han dado cobertura, publicidad, creo que ha funcionado muy bien si tomamos en cuenta que para muchos antes de abril de 2020 ni siquiera habían explorado el tema de tener un sitio web, y mucho menos las ventas en línea”.
 
Proyectos para 2021
Cabe señalar que el periodo de Juan Luis Arzoz Arbide como presidente de la CANIEM tiene la posibilidad de extenderse por un año más, según lo señalan los estatutos de la propia Cámara, y esto se definirá a finales de marzo próximo, por lo que se tienen proyectados diversos proyectos para este 2021, como “concretar la ley del libro, continuar apoyando a las librerías para que se apruebe en el Congreso la tasa cero, buscar apoyos federales”.
Desde antes de la pandemia la industria editorial mexicana ha visto mermada una de sus fuentes de ingresos, con los recortes a cultura. Frente a ello, hay iniciativas para reactivar la industria, como la compra de acervo por parte del gobierno a editoriales, para nutrir el acervo de las bibliotecas públicas: “Los apoyos del gobierno han estado limitados, estamos realizando propuestas en áreas donde el Gobierno sí puede aportar al desarrollo de la industria. Hay un proyecto: son 7 400 bibliotecas en el país en números redondos, y una de nuestras propuestas es renovar los acervos, revisarlos. Es importante, hacerlo de forma continua da ingresos a las editoriales del país, y las bibliotecas son un espacio de acceso gratuito a los lectores”.
Sobre la actualización a la ley del libro con el precio único, Juan Luis Arzoz agregó: “Ya está en camino, con una votación 104 sobre 104, unanimidad”. Para el presidente de la CANIEM, la extensión de 18 a 36 meses será “Una ayuda para las librerías a mediano plazo. Cambia de 18 meses a 36 meses y que la Profeco sancione cualquier falla en este sentido. La experiencia de otros países es que la gente se autorregula”.
Según los datos de la CANIEM, de 2018 a 2019 el precio promedio por ejemplar en México pasó de $79 a $91 pesos, cifra que supera la inflación. Esto se debe a la dinámica del mercado (como los precios del papel, que cotiza en dólares, por ejemplo), pero una ley de precio único puede influir en que el precio no se eleve tanto: “En países donde está la ley del libro con precio único la inflación (del precio promedio por ejemplar) es menor que la inflación del país, siempre. Esto está comprobado y medido”, finalizó.
 
*Información basada en 115 notas periodísticas derivadas de entrevistas realizadas por los siguientes medios o conglomerados: El Universal, Excélsior, La Crónica, El Heraldo de México, El Sol de México, Milenio, La Razón, Forbes, IMER, MURAL, El Norte, Reforma, ADN Canal 40, Radio Fórmula, MVS Noticias, Aristegui Noticias, Heraldo Radio, Enfoque Noticias, Canal Once, Noticieros Televisa, Foro TV, Radio UNAM, Agencia EFE, La Octava, Grupo Radio Centro, Vibe TV, Aire 105.3 FM, Reporte Índigo, Hora 25 W Radio, SinEmbargo, Radio UDEM Monterrey, El Weso en W Radio, El Informador, Radio Anahuac 1670 AM, Canal 44 Jalisco, Sopitas, AM Querétaro, Así las Cosas en W Radio.
 

El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, planteó el pasado 7 de enero en la conferencia matutina desde Palacio Nacional, a manera de reacción a una pregunta, la posible integración del Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor) con, probablemente, el Instituto Mexicano de Propiedad Industrial (IMPI), para formar un nuevo organismo integrado que dependa de la Secretaría de Economía.
 
Fue una declaración breve y sin mayor detalle ni plan de acción, al menos, que se conozca a la fecha. “Esta oficina de derechos de autor está en Cultura y hay también una oficina que tiene que ver, más que nada, con derechos de patentes. Estamos buscando que se integren, que (ese nuevo instituto) esté en Economía. La nueva secretaria de Economía, Tatiana Clouthier, me lo pidió y lo traté con la secretaria de Cultura, si se puede integrar”, fue lo que entonces declaró el mandatario.
 
Esta declaración fue punto de partida para la organización de la mesa de conversación “Desafíos de un cambio: alcances y retos. La fusión IMPI-Indautor, un cambio de paradigma”, que se llevó a cabo al mediodía del miércoles 10 de febrero, organizada por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), de la que fueron interlocutores el editor Carlos Anaya-Rosique, actual presidente de la Coalición por el Acceso Legal a la Cultura (CALC); el abogado especialista en derechos de autor José Luis Caballero Leal, el director general de la editorial Ink It, Diego Echeverría Cepeda, también secretario ejecutivo del consejo directivo de la Caniem, y la abogada María Fernanda Mendoza, experta en propiedad intelectual, como moderadora.
 
Derechos económicos versus derechos humanos
 
Más allá de ser una idea que todavía está analizando el Ejecutivo, propuso Anaya-Rosique, el tema da pauta para platicar “qué es lo que nos gustaría tener como país en términos de derechos de autor y de propiedad industrial e intelectual, más allá de todas las cosas que indudablemente implica la posible integración de estos dos organismos. Es el momento de tomar o construir los liderazgos para poder tener los mejores organismos pensando en nuestra legislación”.
 
El abogado José Luis Caballero Leal complementó que si bien el Indautor y el IMPI son dos órganos que guardan ciertos puntos de conexión en determinadas áreas, tienen destinos separados y distintos, por lo que no deben mezclarse. Opinó que una incorporación al IMPI reduciría eventualmente al Indautor a un tema meramente registral.
 
“Las asimetrías entre los derechos de la propiedad industrial que, por su naturaleza son derechos preponderantemente económicos, versus los derechos de autor que son preponderantemente humanos, hacen que no se puedan mezclar dentro de una misma oficina, simple y sencillamente porque del lado izquierdo estarán representados los intereses de los empresarios, en muchos casos responsables de la violación de los derechos de autor de los que van a estar sentados al otro lado. La autoridad que representaría a ambos tendría que tomar partido, tarde o temprano, por uno o por el otro”, dijo Caballero Leal.
 
Si se tratara de un tema de austeridad republicana, cuestionó el abogado, “¿qué vamos a hacer con los 150 empleados que defienden la casa del autor con una enorme voluntad y que subsisten a pesar de la Secretaría de Cultura? Es un órgano desconcentrado en el más absoluto abandono presupuestal, cuando debiera ser la plataforma para catapultar los derechos y las políticas públicas de los creadores para los cuales no existe hasta el día de hoy una sola política de apoyo por parte de esta administración, que se ha dedicado a desmantelar todas las instituciones culturales en México”.
 
Por su parte, el editor Diego Echeverría opinó que preocupa de origen la vulnerabilidad de las instituciones: “me parece gravísimo que sean así de fáciles de modificar. Me interesa saber si ya se consultó con los expertos. Habemos muchísimos actores que nos vemos en el día a día colaborando con Indautor y pareciera que somos los últimos a los que se les va a consultar si esta posible fusión es beneficiosa o no. No me cierro a la posibilidad de la fusión, pero sí me preocupa el contexto en el que se sugiere, en un sexenio donde el gobierno no apoya a la cultura; no está en su agenda”.
 
Coincidió en que quienes acuden a ambas instituciones tienen perfiles diametralmente diferentes. Mientras en el IMPI se dan cita grandes empresas, con patentes y abogados, dijo, en Indautor es posible encontrarse a un poeta o una editorial. Con una integración, dijo, “corremos el grave riesgo de desdibujarnos ante una institución con otras características”.
 
El Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor) es un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Cultura. Es la autoridad administrativa en materia de derechos autorales y derechos conexos con las funciones para proteger y fomentar el derecho de autor; promover la creación de obras literarias y artísticas; promover la cooperación internacional y el intercambio con instituciones encargadas del registro y protección del derecho de autor y derechos conexos. Fue creado en 1997 y dependía entonces de la SEP, por lo que su personal sindicalizado está anclado a esta secretaría a pesar de que el instituto depende de Cultura federal.
 
Fuente: El Economista
 

La poeta, editora y traductora Jeannette L. Clariond ha recibido el Reconocimiento al Mérito Artístico Colegio Civil 2021 de parte del Centro Cultural Universitario de la Universidad Autónoma de Nuevo León, por su amor y dedicación a la cultura nuevoleonesa.
 
"Nunca olvido que lo que recibo lo tengo en préstamo, que estoy en esta vida para trabajar como hormiga y preguntarme cada día si he cumplido con mi misión", expresa Jeannette L. Clariond.

Dice que todos los que trabajan por el arte, como las personas con las que comparte el galardón, están trabajando por México y Nuevo León, siendo testimonio del talento y siguiendo sus vocaciones y sus metas.

Fiel a este propósito, la pluma de Clariond sigue activa: prepara un libro en el que busca plasmar el espíritu que la cultura náhuatl tuvo del ser humano. El hilo conductor del trabajo es Coyolxauhqui, la diosa lunar mexica.

"Es obligación del poeta representar en su mayor pureza el espíritu de los pueblos que interpretaron y dieron sentido a nuestra misión del mundo. Es mi tarea, pues, buscar en sus orígenes un saber ordenado, dirigido hacia encender la luz de los orígenes", indica la autora de Mujer dando la espalda.

"Tenemos que recordar que la madre para ellos da luz, tinieblas y fuego. Eso es lo que somos y eso es lo que la Coyolxauhqui debe mostrar".
 
Jeannette Clariond fundó Vaso Roto Ediciones en 2003 y ha publicado los libros Mujer dando la espalda, Desierta memoria y Todo antes de la noche, entre otros.
 
La ceremonia se realizó el domingo 31 de enero mediante una transmisión virtual en las redes sociales de Cultura UANL.
 
Para volver a ver la ceremonia, visita el siguiente enlace: https://www.facebook.com/CulturaUANL/posts/1358446977842571
 

Escribo estas líneas para dar a conocer al público lector el sensible fallecimiento de Amalia Porrúa Ruiz, apasionada librera y especialista en bibliografía histórica mexicana.
 
Junto a su padre, Rafael Porrúa Turanzas, Amalia estuvo al frente de la Antigua Librería Robredo, ubicada en la esquina de las calles Argentina y Guatemala, hasta que el descubrimiento del Templo Mayor los obligó a trasladar ese establecimiento a la Zona Rosa.
 
Después del terremoto de 1985, Rafael Porrúa falleció y la Antigua Librería Robredo cerró sus puertas de manera definitiva. No obstante, en la década de los 90, Amalia Porrúa inauguró su librería en la Plaza del Ángel, donde se organizaban amenas tertulias a las que asistían Carlos Monsiváis, Francisco Toledo y Pita Amor, entre otros personajes, así como coleccionistas, investigadores y bibliófilos.
 
La librería de la Plaza del Ángel no resistió la crisis de 1994, pero, gracias al apoyo del doctor Juan Ramón de la Fuente, entonces director de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, el establecimiento abrió sus puertas en el Palacio de la Medicina Mexicana, donde permaneció cuatro años.
 
Amalia Porrúa realizó avalúos de bibliotecas particulares, como la de José Luis Martínez y la de Enrique de Olavarría y Ferrari.
 
Finalmente, Amalia Porrúa se retiró del oficio que llenó las páginas de su vida y falleció en su casa el viernes 5 de febrero.
 
Descanse en paz la incansable librera que hizo de los libros antiguos mexicanos y de la historia de México, la gran pasión de su vida.
 
Amalia Estrada Porrúa