Profesional de la edición enfocado en el crecimiento de las instituciones en las que ha participado, enfatizando la sustentabilidad, la reingeniería de procesos y el aporte efectivo a la educación a través del análisis de producción, costos e inteligencia de mercado. Creativo y crítico ante los desafíos editoriales y educativos; conceptualizador de proyectos de innovación en formato tradicional y nuevos soportes en español y en inglés. Líder con altos valores éticos, humanos y profesionales. Algo más de dos décadas de experiencia en la generación de contenidos y dirección de equipos.
Mario Aliaga Valenzuela es licenciado en Humanidades con mención en Lengua y Literatura Hispánica por la Universidad de Chile. El pasado 11 de mayo de 2020 fue designado Director General del Centro de innovación y desarrollo profesional para la industria editorial, Editamos, por lo que el coordinador de Comunicación de la CANIEM lo entrevistó para conocerlo mejor.
Jorge Iván Garduño (JIG): ¿Qué significa para ti que te hayan designado como Director General de Editamos?
Mario Aliaga Valenzuela (MAV): En lo personal significa un desafío y una oportunidad; desafío al integrarme a un grupo de profesionales de la edición destacado tanto por sus valores como por su trayectoria, y una oportunidad de aprendizaje, de crecimiento y de intercambiar visiones sobre los procesos en la cadena del libro.
En lo profesional, ya te imaginarás, es un honor, un reconocimiento y un privilegio que espero realizar con el apoyo de todos los integrantes del medio editorial.
 
JIG: ¿Cuál es la importancia y relevancia que tienen la “innovación y el desarrollo profesional” para la industria editorial?

  1. : Para comprender a cabalidad ambos conceptos, es necesario decir que nuestro sector trabaja con uno de los objetos más antiguos de la civilización, que ha experimentado cientos de innovaciones desde su origen al presente, y que la profesionalización ha ido de la mano con ese desarrollo. El objeto libro fue piedra, arcilla, papiro, tela, madera, papel; ha sido pintado a mano, sacro y prohibido; el escribano se convirtió en copista, el copista en editor, el editor en impresor, el impresor en distribuidor, el distribuidor en comercializador. Apasionante evolución, por cierto.

En la actualidad, la innovación tiene varios caminos; el más conocido y con el cual se asocia el concepto es el de las tecnologías de la comunicación, de desarrollo, de cuantificación, y principalmente de distribución en su versión digital. Pero la innovación está también en las imprentas: pasamos de los negativos al CPT, de la mesa de luz a la computadora, del cuentahílos y el visto bueno de color a la automatización de los procesos; la innovación tecnológica ha cambiado los procesos y ha hecho que los actores vayamos a la par de esos conocimientos. El marketing, la comercialización y las librerías han tenido innovaciones tanto en sus procesos como en sus espacios; el ISBN tiene algo más de 50 años, y fue toda una revolución, los códigos de barras, los hologramas, y la organización de los estantes, las islas, la rotación de los títulos; hoy, por ejemplo, existen librerías conceptuales (organizadas temáticamente) que son una gran experiencia.
El desarrollo profesional parte de una necesidad; no se nace escritor, ni editor, ni impresor, ni librero; tal vez se estudien ciertas carreras que pueden ayudar a la comprensión y ejercicio de cada uno de los roles. No obstante, es a través de la profesionalización, la certificación, la praxis, y la buena voluntad de quien nos quiso enseñar que podemos explicar con propiedad qué hacemos. Instituciones como Editamos no existían hace dos décadas; había ejercicio del oficio, voluntad de compartir el conocimiento, ensayo y error; ésta sí es una gran innovación para el mundo del libro. Un centro de innovación y profesionalización que, desde la experiencia de sus profesores y alumnos, genera discusión académica y práctica que impulsa innovaciones en contenidos, procesos, flujos, para todos los que formamos parte de la industria editorial.
 
JIG: La capacitación, actualización y desarrollo profesional dentro de nuestro sector, el editorial, debe ser permanente para tener una industria fuerte y de vanguardia, ¿cómo sortear el tema de que las empresas vean este asunto como una inversión y no como un gasto?

  1. : Esta es una pregunta con muchas aristas. Primero debemos reconocer que la industria editorial está compartimentada, sectorizada por tamaños, tipos de publicaciones, roles y modelos de negocio. No es lo mismo un grupo editorial que un editor de texto escolar; no es lo mismo un grupo impresor que una imprenta con una rotativa y dos planas; no es lo mismo una cadena de librerías que una librería temática. Sin embargo, todas sin excepción dependen de la profesionalización de sus colaboradores y empleados; todas requieren fidelizar no sólo al cliente externo, sino también al interno. La selección y atracción de talento en la era digital es cada vez más compleja; las redes sociales hacen su labor en caracterizar y categorizar cuál es un buen espacio de trabajo y desarrollo profesional; el empleado tiene referencias de su empleador. Es un hecho que las empresas de todas las industrias pierden dinero con la rotación de personal; tiempo que también es dinero. Te daré unos ejemplos drásticos, un grupo editorial contrata a un abogado que es experto en impresos, pero se abre una nueva área de negocio: audiolibros. ¿Qué es más conveniente, tener dos abogados o capacitar al que ya conoce el derecho de autor, los contratos, los acuerdos, el flujo? Un editor de texto escolar decide publicar una nueva serie con códigos QR, pero ninguno de sus diseñadores internos conoce el proceso, ¿contrata un despacho tecnológico o capacita a sus diseñadores? Un impresor invierte miles de dólares en una nueva máquina de alta gama con tecnología de punta, probablemente en esa compra venga incluida una capacitación, pero no ha desarrollado un plan estratégico para promocionar sus servicios, ¿a qué impresor le reditúa una máquina parada? Una librería no tiene un esquema de comisiones o reconocimientos no monetarios para sus empleados, ¿tendrá los mismos niveles de venta que si propone una estrategia de fidelización y permanencia?

Todos los actores de la industria editorial han vivido alguna situación similar, o peor incluso. La estrategia de profesionalización de los equipos es también una visión de negocio, es una declaración de intenciones y un seguro frente a momentos adversos, como los que vivimos hoy. Para que una industria sea fuerte y de vanguardia no debería tener como parámetros únicos la facturación y los equipos físicos; debiese contemplar también los índices de satisfacción y desarrollo de sus colaboradores.
 
JIG: ¿Qué elementos debe contener un curso, taller, charla o diplomado para ser efectivo o trascendental?

  1. : Son varios elementos que hay que tener en cuenta para lograr ser efectivos. Y todo parte desde el diseño curricular. El diseño debe preguntarse: ¿quién es el otro?, ¿qué hace?, ¿qué y por qué busca aprender algo en particular?, ¿qué puedo aportarle? Esto lleva, naturalmente, a establecer estrategias que hagan del proceso de enseñanza-aprendizaje una actividad amena, lúdica, atrayente, pero también sistemática y formal. Otro punto relevante es la dinámica en el aula (virtual o no), es decir, la posibilidad de diálogo entre los participantes y el docente, la sensibilidad y empatía hacia las circunstancias de cada quien, la accesibilidad a los contenidos y a las referencias; algo tan sencillo pero fundamental como saber escuchar. Hoy hay muchas categorías y apellidos para un curso que están definidos por la duración y otras características técnicas, pero al final de cuentas, la dinámica de un curso se hace trascendente sólo en la práctica laboral; el éxito se mide en cómo ese diseño y esas estrategias permitieron que el participante haga suyo y ponga en práctica ese conocimiento. Para ser efectivos hay que pensar y planificar, y para ser trascendentes hay que entregar las herramientas concretas para aplicarlas en las labores cotidianas.

 
JIG: Hablamos de tecnología en esta era digital en la que ya estamos inmersos, ¿cuál debe ser la función de Editamos para un profesional que se desenvuelve ya en un mundo de redes sociales y de tecnología digital?

  1. : Como en todas las industrias y rubros, y aunque te parezca sorprendente, en la industria editorial conviven muy estrechamente al menos tres generaciones; algunos baby boomers, pero mayoritariamente de la generación X, millenials y Z. Yo soy X, por ejemplo, y no soy nativo digital como lo son los millenials y los Z. El uso del entorno digital, de la tecnología y las redes sociales ha sembrado terror y esperanza en el mundo editorial. Sin ir más lejos, con la aparición del libro digital, ya hace casi dos décadas, la gran discusión era quién ganaría, si el libro impreso o el de formato electrónico. Hoy conviven en total armonía dos líneas de negocio.

De igual forma, Editamos tendrá un rol clave en la convivencia y profesionalización de varias generaciones a través de nuevos formatos. Actualmente, la utilización de las tecnologías y las redes sociales tiene una percepción doble; para algunos desacraliza las cátedras, los espacios de reunión, el contacto uno-uno; para otros, donde me incluyo, son herramientas al servicio de una estrategia que debe estar bien diseñada, planeada, y ejecutada. Las fortalezas de Editamos son claras y por todos conocidas, la calidad de sus cursos, diplomados y talleres. Sin embargo, el área de oportunidad que se abre con el aula virtual, el desarrollo de estrategias comunicacionales a través de redes sociales, es una prioridad no sólo por la contingencia que estamos viviendo, forma parte de la innovación y la evolución que tiene que tener la institución. Haremos alianzas, descentralizaremos la oferta, incorporaremos más profesores de otros estados, ampliaremos temas y contenidos y presencia en redes. La industria editorial está en toda la república, no sólo en Ciudad de México. Hay que abrir debate, hay que abrirse a un público digital que prefiere clases en línea más que presenciales; vamos a posicionar a Editamos en el lugar que se ha ganado con el trabajo de quienes lo integran; vamos a darnos la oportunidad de innovar, explorar, pensar en grande para beneficio de los nativos digitales y los que aún estamos aprendiendo.
 
JIG: En tu experiencia profesional, ¿cuáles son los retos que enfrentan las industrias y qué se puede hacer para superarlos y fortalecerse?

  1. : Todas las empresas de cualquier sector deben responder con proactividad a los cambios de paradigma y a las situaciones contextuales de una manera reflexiva y orgánica. No podemos continuar siendo reactivos, debemos empezar a retarnos a nosotros mismos, a darnos espacios para pensar en conjunto, para imaginar en conjunto. No es necesario salir a buscar modelos al extranjero, aquí hay mucho talento que necesita de espacios de creatividad e innovación. Las decisiones en la industria editorial se han tomado muchas veces un poco a ciegas, como en el “a ver si funciona”. Y sí, las más de las veces ha funcionado. Los tomadores de decisiones necesitan datos, números, tendencias, elementos técnicos e información precisa y clara que permita implementar innovación a partir de algo más concreto que la intuición. Por eso, y aprovecho este espacio, para hacer hincapié en que el área de documentación y estadística de Editamos es clave para la industria. Tomar una decisión a tiempo con documentación y números reales permite fortalecerse como empresa. El reto actual de la industria editorial, en el mundo entero, es la convivencia de distintos modelos de negocio, de líneas de acción que convivan sin ser ninguna el pilar único de la salud financiera de la empresa. Una empresa del siglo XXI debe estar dispuesta a la autocrítica, a desafiarse y crecer de manera orgánica, invirtiendo en formación, apoyándose en información estadística e innovando en procesos y flujos. Hasta en los momentos más inciertos, hay que pensar y hacer.

 
JIG: Ante la pandemia por la COVID-19 ¿qué tan provechosas son la capacitación y la profesionalización en cualquier sector?

  1. : Estos son momentos muy complejos para todos, y aciagos y tristes para mucha gente. La certeza que tenemos hoy es que la adaptabilidad, la disciplina y la solidaridad ya no son valores abstractos, ahora representan salud y bienestar en este nuevo escenario que esperemos se desdibuje hacia algo menos violento.

Esta pandemia vino a poner en crisis y en evidencia distintos aspectos de nuestras vidas personales y profesionales en todo el mundo. Siempre hemos sido vulnerables, pero no como ahora. También somos finitos, pero no con este nivel de consciencia. Tenemos un hogar, pero nunca habíamos estado tanto tiempo en él y conviviendo con los más cercanos. Todo es una experiencia nueva, disruptiva, confusa. Si alguna vez seremos dependientes de la tecnología aplicada a la información, la cultura y el entretenimiento, es ahora. Como nunca hemos pasado y pasaremos tiempo frente a todas las pantallas, y es en este punto donde las ofertas de capacitación, de profesionalización se han hecho democráticas y extensas. Todas las plataformas de aprendizaje en línea (en todos los idiomas, de casi todos los países) han abierto sus accesos, han dado gratuidad por tiempo limitado. Y es histórico. En lo personal me inscribí en varios, desde dibujo para principiantes -1 (así se llama el curso, y claro, descubrí que necesito uno -2), hasta Yale, y una universidad en Australia, y qué crees… hasta el momento no he terminado ninguno. El estrés asociado a la exposición permanente y sistemática a la información, la numeralia, los aciertos y desaciertos de las instituciones y las personas, han hecho mella en la capacidad de concentración y en otros problemas más serios que se irán develando con el paso de los días. Todos estamos viviendo esta nueva realidad de la mejor manera posible, y eso es también respetar el cansancio y escuchar al cuerpo. Hoy hay gente que te enjuicia y te cuestiona qué has hecho en cuarentena, que si terminaste tal o cual curso, si viste lo que publicó tal o cual, si entraste al congreso de aquí o allá. Una cuarentena es un tema de salud, no una beca. No es opcional, no es elegible; no es voluntario. A eso debes agregar que seguimos trabajando, y las videoconferencias, los correos y los chats han proliferado. El contexto cotidiano de cada persona determinará si está o no en condiciones para capacitarse ahora, en estas circunstancias. Sin embargo, al asumir este puesto hace una semana, tuve oportunidad de participar en dos presentaciones que organizó Editamos-CANIEM, y quedé francamente impresionado: una más informal que la otra, fueron ambas amenas, breves, donde se exponían problemas concretos, proyectos de los asistentes que los docentes escuchaban con atención. Uno de los expositores lo dijo con todas sus letras, “esto no es un curso, el curso es después, esto es un café sobre este tema, conversemos”. Personalmente creo que este es el momento de sentirse en comunidad, cobijarte en el tejido social y cultural al que perteneces, o quieres pertenecer, no es un momento de grandilocuencia, ni grandes ideas, ni bibliografía extensa. En el caso de los generadores de contenidos, es momento de escuchar, de salir y mirar otros contextos, otras experiencias, de repensar e imaginar el futuro a corto, mediano y largo plazos. Cada sector debiese estar haciendo lo mismo; reinventarse en un entramado que involucre a todos los actores de la cadena de valor. No dejar fuera a nadie, ser solidarios y no empoderarse de mezquindades. Si algo nos dejará este virus es la certeza que nos necesitamos todos.
 
JIG: ¿Qué consejo les da a los jóvenes, y adultos, que quieren integrarse al mundo editorial mexicano y no saben por dónde empezar? ¿Qué opciones tienen?
No soy de dar consejos, francamente, pero puedo compartir algunas reflexiones. Cada actividad que uno desee desarrollar en el espacio profesional es un desafío y un compromiso con uno mismo. Hay veces que uno no sabe por dónde iniciar el camino laboral y más en un medio que, en todas partes del mundo, es celoso e incluso un poco apático con quienes empiezan. Sin embargo, la curiosidad, el entusiasmo, la profesionalización, la capacitación en distintas áreas es un comienzo fuerte, de paso seguro. La imagen es el carcaj, que era la bolsa de piel o madera que utilizaban los arqueros desde la prehistoria. En el carcaj personal uno va guardando distintos conocimientos y diferentes aprendizajes (idiomas, lecturas, referencias, viajes, talentos, habilidades, entre tantos posibles) de los que debe echar mano cuando se presente la oportunidad. Siempre habrá alguien que, de manera desinteresada, abrirá ya una puerta ya una ventana. Pero cabe la pregunta: ¿Podremos responder con altura y humildad a ese llamado? A mí alguien me abrió una ventana y lo agradezco, y agradezco también haber tenido la oportunidad de haber abierto otras a lo largo de los años.
Hay que ser persistentes y creer en los talentos que cada quien tiene, perfilarlos hacia un espacio donde habrá gente más capacitada, con más experiencia o títulos, pero también gente más arrogante o menos empática y solidaria. Hay que experimentar, ser curioso, intentar la lucidez, reforzar los valores, ser firme en las convicciones que lo definen. Ser orgulloso de sí mismo y al mismo tiempo generoso.
Las posibilidades que ofrece el mundo editorial mexicano son enormes y diversas; cada vez más este oficio ‒lo digo con el más alto respeto‒ está regresando a lo artesanal, a lo básico, utilizando las herramientas tecnológicas actuales; los caminos son tan variados como las preferencias de cada quien. La conjunción de intereses hace la riqueza de este medio; hay gente muy talentosa que piensa con vehemencia, otra que escribe con ahínco, otra que corrige con pasión, otra que conoce programas de diseño, de datos, de tecnología; hay gente que hace libros miniatura, que piensa en pop-up, que hace encuadernación tradicional, que conoce qué título o autor se vende mejor acá que allá, hay reseñistas y críticos literarios en las librerías.
¿Qué opciones tienen los que deseen incorporarse al mundo editorial? Todas, las que les despierten pasión. Este oficio es eso, hacer que las cosas pasen y hacerlo con pasión y paciencia de pescador.
 
JIG: ¿Un mensaje final que quieras agregar?

  1. : Mi labor en Editamos será un trabajo de equipo, de consenso, de conjuntar voluntades, de propuestas y planes de desarrollo. Hasta hoy siempre he estado un poco en el anonimato, haciendo cosas con muchos de ustedes; espero podamos ahora, desde este epicentro, hacer un trabajo de calidad y trascendencia que sea una mejora real y visible para fortalecer a la industria editorial.

 
JIG: Mario, muchas gracias por brindarme este tiempo, y bienvenido a Editamos. A nombre de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana te felicito, deseamos que tengas el mayor de los éxitos profesionales, cuentas con el apoyo de todo el equipo de la CANIEM y, por supuesto, de Editamos.
MAV: Gracias.