En la actualidad, la diseminación de información por medio de Internet, y en particular, en las redes sociales, revela la importancia que siempre ha tenido la curaduría y respaldo de un sello editorial, al garantizar calidad y veracidad en sus publicaciones. Las ediciones universitarias no son menos importantes en la vorágine de contenido con la que nos tropezamos en todos lados. A la edición universitaria la respalda, sin duda, el prestigio de su institución; ese distintivo la coloca y la distingue de otros fondos, perspectivas, visiones, etcétera.
El editor universitario juega un papel fundamental en esta labor de prestigio, pues su función no estriba en publicar todo contenido que llegue a sus manos solo para cumplir tramitologías contrarias a la razón de hacer pública una obra. Debe ser un profesional capaz de identificar y procesar originales que estén a la altura de la institución que los respalda, y más aún, el editor universitario debe ser un agente de cambio que tenga la capacidad no solo de publicar contenido significativo, sino también sugerir y marcar tendencia sobre los temas a publicar que, sin duda, repercutan en el progreso y beneficio cultural y social, como parte de las funciones históricas de las universidades.
Las alternativas de comercialización deben ser pensadas a partir de la propia naturaleza de las publicaciones universitarias. No todo obra que nazca de las instituciones de educación superior se puede comercializar, aunque el contenido tenga un gran valor simbólico, y para esos casos los repositorios de acceso abierto son una salida idónea. Para las obras factibles de comercializar deben generarse modelos y estrategias acordes con los públicos meta. Es decir, las editoriales universitarias deberán propiciar esquemas, modelos y sinergias que permitan garantizar el encuentro de la obra con su lector.

Alma Cázares Ruíz*

* Coordinadora General de Publicaciones de la Universidad Anáhuac México
 
 
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