Escribo estas líneas para dar a conocer al público lector el sensible fallecimiento de Amalia Porrúa Ruiz, apasionada librera y especialista en bibliografía histórica mexicana.
 
Junto a su padre, Rafael Porrúa Turanzas, Amalia estuvo al frente de la Antigua Librería Robredo, ubicada en la esquina de las calles Argentina y Guatemala, hasta que el descubrimiento del Templo Mayor los obligó a trasladar ese establecimiento a la Zona Rosa.
 
Después del terremoto de 1985, Rafael Porrúa falleció y la Antigua Librería Robredo cerró sus puertas de manera definitiva. No obstante, en la década de los 90, Amalia Porrúa inauguró su librería en la Plaza del Ángel, donde se organizaban amenas tertulias a las que asistían Carlos Monsiváis, Francisco Toledo y Pita Amor, entre otros personajes, así como coleccionistas, investigadores y bibliófilos.
 
La librería de la Plaza del Ángel no resistió la crisis de 1994, pero, gracias al apoyo del doctor Juan Ramón de la Fuente, entonces director de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, el establecimiento abrió sus puertas en el Palacio de la Medicina Mexicana, donde permaneció cuatro años.
 
Amalia Porrúa realizó avalúos de bibliotecas particulares, como la de José Luis Martínez y la de Enrique de Olavarría y Ferrari.
 
Finalmente, Amalia Porrúa se retiró del oficio que llenó las páginas de su vida y falleció en su casa el viernes 5 de febrero.
 
Descanse en paz la incansable librera que hizo de los libros antiguos mexicanos y de la historia de México, la gran pasión de su vida.
 
Amalia Estrada Porrúa